jueves, 18 de junio de 2015

Blanco Móvil como una transgresión de lo inmutable



El número 128 de la revista Blanco Móvil festeja treinta años de perseverancia, calidad y un sinfín de autores, que en su momento eran desconocidos y ahora son íconos de las letras nacionales, así como el riesgo de seguir promoviendo autores nóveles. No por nada, Blanco Móvil se ha vuelto un emblema para el trabajo independiente, alternativo y profesional del México literario, con ojo internacional. En este gran aniversario, el riesgo no fue meno, al proponer el tema de Transgresiones indispensables, que a decir de los editores invitados, Adriana Tafoya y Andrés Cisneros de la Cruz, es “una reunión de literatos extravagantes, sí. También de algunos con ideas raras o exóticas. Estéticas que no se ajustan a expectativas o juicios fáciles. Autores que expondremos aquí como transgresores. Algunos con la claridad de serlo, otros con la naturalidad que implica su literatura como un acto transgresor per se”.

Es importante mencionar que el editor y poeta, Eduardo Mosches, es una figura muy controvertida dentro del medio literario, puesto que su carácter franco, amistoso, y siempre propositivo, lo vuelven foco para la polémica, lo que siempre le ha dado una buena fama, de la mano de su proyecto. Es consabido su exquisito gusto y la exigencia que ejerce al momento de la obra poética. Así como su apertura a invitar a distintos curadores literarios a dirigir las selecciones de la revista, garantizando así que el blanco no deje de estar en movimiento. 

Adriana Tafoya hace hincapié “en la importancia de saber qué es lo que se trasgrede, y para qué: es crucial para que el poeta o el narrador pueda ejercer una estética. Transgredir por transgredir es similar a hacer por hacer. Por eso hemos convocado a poetas y narradores de diferentes generaciones, perspectivas, círculos, para que nos den una gama amplia del elemento transgresor: sea con el humor, la sátira, la reflexión, la belleza, la crítica literaria o la académica”. 

Así mismo, en la introducción, Cisneros de la Cruz, escribe: “Porque transgredir no es gritar fuerte o con amargura, sino con precisión. Ser incisivo. Abrir donde hay que abrir para extraer lo que se busca extraer y lograr el trasplante; salvar un organismo, el cuerpo mismo del poeta, o del poema, y por ende de la poesía, de la literatura, y su radio expansivo. ¿Qué se puede transgredir cuando rotos tantos límites y acuerdos sociales los transgresores se han 
sumado a los cánones y leyes establecidas convirtiéndose en los conservadores del hoy?”.

Por eso es muy probable que cuando el lector terminé de leer este nuevo número de Blanco Móvil, salga con algunas heridas; de las cuales, no cabe duda, “brotará una flor. Un fruto. O una nueva percepción de ser”.

domingo, 1 de marzo de 2015

"Parábolas del equilibrio" o siguiendo el rizado curso de la incertidumbre para entintar la emocion contenida


Por Armando Alanís Pulido

Tafoya, Adriana. "Parábolas del equilibrio", Sikore Ediciones, 2015.
• Memoria

Una manera de florecer temerariamente es iniciar el acto amoroso rezando un novenario infinito y pidiéndole piedad al futuro, Adriana, cual sacerdotisa lo recomienda, celebra a la pala
bra y nos purifica, ruega con sus textos por nosotros, nos perdona todo, luego indaga en el canto y es su salmodia una caja musical mordaz y cruda, única en su indagación porque además de perseverar en el lenguaje mismo, define que su actitud afilada ante el texto más allá de trascender una emergencia personal ofrece a quien lee, el descubrimiento de una nueva coincidencia, entonces y solo entonces Bienaventurados los lectores que son capaces de mantener una fe resuelta en el valor de estos poemas que nos nivelan, porque todo es memoria y ya después de asumirse infectados vendrá el paisaje sagrado, es decir, el deleite, el impacto.

2.Conciencia

Tafoya se las arregla bien para arrancarle a la confrontación mística sus aires subversivos porque entiende que vigilar significados no solo implica indagaciones en las raíces de la conciencia, si no también habitar la indefensión frente al ojo interior que todo lo contempla y que todo lo traduce, y en su recorrido por caminos sinuosos e insinuantes se derrama en los límites de la realidad, Adriana cambia (o invierte) las voces por los colores y en el corazón de la noche (o del día) es la portadora de un mensaje que nos dicta al oído, el mensaje es ese poema que solo se escucha cuando se amay en su infeccioso amor por la poesía tampoco le teme a la marginal transparencia de las flores, porque es perversamente cariñosa cuando estas le dictan las minúsculas muertes que aquí nos traduce.

3.Percepción

Encuentro en estas parábolas episodios que ofrecen las condiciones necesarias para revitalizar el júbilo, el placer, episodios que nos indican que actitud tomar cuando depositemos las ofrendas necesarias a los que ya se fueron y a los que no se quieren ir, episodios que nos dan la confianza justa antes de propinarle una buena mordida a los sueños que a veces no nos abrazan.

Encuentro en estas parábolas, que soy una posibilidad más, encuentro, porque me asumo como un condenado a soñar: Equilibrio.


martes, 3 de febrero de 2015

Viejos rituales para amar a un anciano



Poema de Adriana Tafoya
 
"El viejo domado". Foto: Andrés Cisneros de la Cruz.

Desde mis cobijas de hombre solo,
 desde este papel, tiendo la mano.
Rubén Bonifaz Nuño

Someter a un anciano a las delicadezas del amor
es un deleite   más que un reto.
Como la enjuta pasa    al pastel
el viejecillo en sus pliegues
es propenso
a un lóbulo redondo
a la perla en los labios:
a el aura de un pezón.

Las ansias del anciano se entregarán a ti,
no dudes de la vehemencia de estos vinos.

Algunos
se impregnan de tabaco
otros, de antiquísimo tono enciclopédico
o del humo plata del escape de los autos
entre su escaso cabello.
Y los más sensibles    de humedad.

Gustan aun de las camisolas a cuadros,
semejantes a sus cobijas, que
—en corto tiempo—
les envolverán
a manera de un sudario.

                        Pero, no nos entretengamos en esto.
Para llevarlo a la cama:
hay que acompañarle.
A la mayoría
les gusta ser desvestidos con cuidado,
y que sus ropas se doblen —inmácula—
sobre el respaldo de un sillón.

No esperes erecciones, goza dedos.
No esperes dientes, mordisquea labios.
: (hay que tener precaución de no crujir la jaula de sus costillas).

Sobre el burro que tocó la flauta, desnuda sobre su lomo,
entra al jardín de los plateros
(al jardín de sus platas).
Naturalmente no eres una musa,
pero, a los menos frágiles, les agrada imaginar
que cabalgas sobre su costilludo cuerpo
aunque después se queden solos, como en un principio
en la oscuridad, con su flor entre los muslos
arrugándose a ciegas.
*
De forma distinta están aromados los viejos.
Su sabor es dulce y fuerte como los higos
y otras frutas secas.
(Pequeñitos pájaros sin plumas: súbelos al nido)
A ellos les gusta que las últimas canas les arranques
y los hagas sonrojar
—verse por medio segundo, lozanos—
dulces cascarones sobre las sábanas lisas
(haz memoria) : nunca les desprendas los calcetines
(no hay que olvidarlo) y sobretodo
cuando les hagas el amor, acarícialos
con dedo experto
como si fuesen    taza de porcelana
con evidente grieta, aunque aún de borde dorado.

                                   Pero tampoco nos detengamos en esto.
Lo importante es que sufren
y eso los hace sensitivos     al amor.
            Puede que se vuelquen taciturnos
y sus pupilas no cintilen hacia afuera,
sino hacia dentro, como tratando de alumbrarse solos
hacia el fondo de sus callejones,
faro de ellos mismos
intentando (con sus pies en retroceso) ver
dónde se detuvieron de más,
dónde erraron el camino, dónde
un apretón de piernas los cegó un momento,
les obstruyó los pulmones, los trastornó
y los puso a pensar en otra cosa
que no fuera ellos.

(Al contener la respiración —la forma de respirar—
el aire cambia; los hechos: los actos).
Lo de la luz del faro es común cuando sucede;
sin embargo no pasa de ser la rojiza,
la ligera iluminación de la rosa
en la punta de un cigarro.

Si le cimbran las paredes de los sueños,
si esto ocurre, solo recuéstalo
(que se estruje sobre la cama).
Retira sus lágrimas con el revés de una mano
cierra sus ojos,
y antes de apagar la luz,
bésalo.